Resumen de la Parashá
Metsorá (“el leproso”) continúa las leyes de la Tzaráat con la purificación de la persona curada. El Kohen sale fuera del campamento para examinarla, y luego viene una ceremonia con dos aves, madera de cedro, lana escarlata e hisopo; la persona se rasura, se lava y trae sus ofrendas a los siete días.
La Torá habla luego de la Tzaráat de las casas, que aparecerá tras la entrada en la tierra de Israel. El Kohen manda vaciar la casa, la examina, y si la mancha persiste, se retiran las piedras afectadas o incluso se derriba la casa. Nuestros Sabios enseñan que podía ser una buena noticia: los cananeos habían escondido tesoros en las paredes, y la demolición los revelaba. La parashá termina con otras leyes de pureza para hombres y mujeres.
La lección de la Tzaráat: la maledicencia aísla. Quien separó a las personas con sus palabras debe vivir un tiempo apartado, para comprender el valor del vínculo con los demás.
Resumen de la Haftará
“VeArbaá Anashim” (“Y cuatro hombres”)
Texto en II Reyes 7:3–20
La ciudad de Samaria está sitiada por el ejército de Aram y el hambre es terrible. El profeta Eliseo anuncia que al día siguiente la harina se venderá barata; un oficial del rey se burla de la profecía. Cuatro Metsoraím, que viven a la entrada de la ciudad, deciden rendirse a los arameos: encuentran el campamento vacío. Dios hizo oír a los arameos el ruido de un gran ejército, y huyeron abandonándolo todo. Los cuatro hombres comen, y luego se dicen que no pueden guardarse la buena noticia y van a avisar a la ciudad. La profecía se cumple, y el oficial que dudaba muere pisoteado en la puerta. Según la tradición, esos cuatro hombres eran Guejazí, el sirviente de Eliseo, y sus hijos.
Conexión Parashá-Haftará
La parashá habla de los Metsoraím excluidos del campamento; en la haftará, son precisamente unos Metsoraím, apartados fuera de la ciudad, quienes descubren la salvación y la llevan a todos. Los que estaban apartados se convierten en mensajeros de la liberación.