Resumen de la Parashá
“Cuando entres (Ki Tavó) en la tierra”, llevarás al Templo las primicias (bikurim) de tus frutos en una canasta y harás una declaración: “Arami oved aví”, el arameo quiso destruir a mi padre, descendimos a Egipto, los egipcios nos maltrataron, clamamos y Dios nos sacó “con mano fuerte”, y nos trajo a esta tierra que mana leche y miel. Este texto es el corazón del relato de la Hagadá. “Te alegrarás con todo el bien”, con el levita y el extranjero.
El tercer año, después de haber dado todos los diezmos, se hace el vidúi maasér, declaración de haberlo dado todo, y se pide: “Mira desde Tu santa morada y bendice a Tu pueblo Israel”. Moshé concluye: hoy Hashem e Israel se han elegido mutuamente; “eres para Él un pueblo tesoro (am segulá)”.
Después de cruzar el Jordán habrá que levantar grandes piedras revocadas con cal y escribir en ellas toda la Torá “muy claramente” (en setenta idiomas, según nuestros Sabios), y construir un altar en el monte Eval. Luego la ceremonia de los montes Guerizim y Eval: los levitas proclaman doce maldiciones contra quienes pecan en secreto (el ídolo oculto, quien desprecia a sus padres, mueve el lindero, extravía al ciego, tuerce el derecho del extranjero…) y el pueblo responde “Amén”.
Vienen después las bendiciones, “bendito serás en la ciudad, bendito serás en el campo”, y la larga Tojajá, las maldiciones si Israel se aparta, hasta el exilio y el regreso a Egipto en barcos. Se lee en voz baja y rápido, en una sola aliyá, y a menudo se evita llamar a alguien por su nombre para ella. Moshé concluye la alianza de las llanuras de Moav y recuerda los milagros del desierto: “Hashem no os dio un corazón para comprender hasta este día”.
Resumen de la Haftará
“Kumí Orí” (“Levántate, resplandece”)
Texto en Isaías 60:1–22
Sexta haftará de consuelo. “Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, y la gloria de Hashem ha amanecido sobre ti” (versículo del Lejá Dodí). Mientras la oscuridad cubre la tierra, las naciones caminarán a tu luz, y tus hijos vendrán de lejos. Las riquezas de los pueblos afluirán a Jerusalén; sus puertas quedarán abiertas día y noche. “No se oirá más hablar de violencia en tu tierra”, “el sol ya no será tu luz de día… Hashem será para ti luz eterna”. La haftará termina: “El más pequeño llegará a ser mil… Yo, Hashem, a su tiempo lo apresuraré” (beitá ajishená), que el Talmud explica: si Israel lo merece, Dios apresurará la redención; si no, llegará a su tiempo.
Conexión Parashá-Haftará
La parashá describe la llegada a la tierra y las primicias ofrecidas con alegría, y luego la posibilidad del exilio; la haftará describe el regreso definitivo, cuando las propias naciones traerán sus riquezas a Jerusalén. “Te alegrarás” se convierte en “levántate, resplandece”.