Resumen de la Parashá
“Pondrás jueces (shoftim) y oficiales en todas tus puertas”, que juzgarán con justicia, sin favoritismos y sin sobornos, porque “el soborno ciega los ojos de los sabios”. “Tsédek, tsédek tirdof”, la justicia, la justicia perseguirás. Prohibido plantar un árbol sagrado (asherá) junto al altar, erigir una estela u ofrecer un animal con defecto. El idólatra es juzgado con el testimonio de dos testigos. Para los casos difíciles se sube al tribunal supremo del lugar elegido, y no se aparta uno de su decisión “ni a derecha ni a izquierda”.
La ley del rey: Israel podrá darse un rey, elegido por Dios, de entre sus hermanos; no tendrá demasiados caballos, mujeres ni oro, y escribirá un Séfer Torá que leerá todos los días. Abarbanel, que fue él mismo ministro de reyes, veía en esta ley un permiso concedido a regañadientes más que un ideal. Luego los dones a los Kohanim y a los levitas (la espaldilla, las quijadas, el cuajar, las primicias del grano, el vino, el aceite y el esquileo).
La prohibición de la adivinación, la hechicería y la consulta a los muertos: “Serás íntegro (tamim) con Hashem tu Dios”. Dios levantará un profeta como Moshé, al que habrá que escuchar; el falso profeta se reconoce porque su predicción no se cumple. Las ciudades de refugio para el homicidio involuntario, y la severidad con el asesino voluntario. La prohibición de mover el lindero del prójimo (hasagat guevul). La ley de los testigos: nunca un solo testigo, y los falsos testigos reciben la pena que querían infligir.
Las leyes de la guerra: el Kohen ungido para la guerra alienta al pueblo (“Escucha, Israel, no temas”); vuelven a casa quien construyó una casa, plantó una viña o se comprometió sin haberlo disfrutado aún, y “el que tiene miedo”, para que no desanime a sus hermanos. Primero se ofrece la paz a una ciudad. No se destruyen los árboles frutales: “¿Es acaso el árbol del campo un hombre?” Por último, la eglá arufá: cuando se halla un muerto en el campo sin conocerse al asesino, los ancianos de la ciudad más cercana se lavan las manos y declaran: “Nuestras manos no derramaron esta sangre”.
Resumen de la Haftará
“Anojí Anojí Hu Menajemjem” (“Yo, Yo soy quien os consuela”)
Texto en Isaías 51:12–52:12
Cuarta haftará de consuelo. Tras las quejas de Israel, es Dios mismo quien consuela: “Yo, Yo soy quien os consuela. ¿Quién eres tú para temer al hombre mortal?” Llama a Jerusalén: “Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que bebiste la copa de Su ira”, “sacúdete el polvo, vístete con tus ropas de gloria” (versículos recogidos en el Lejá Dodí). “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que dice a Sión: tu Dios reina”. El regreso será sin prisas, “porque Hashem va delante de vosotros”.
Conexión Parashá-Haftará
La parashá describe a los dirigentes de Israel, jueces, reyes, Kohanim y profetas; la haftará anuncia el día en que Dios mismo será el consolador y el rey: “Tu Dios reina”. Ambas hablan del profeta que transmite la palabra divina al pueblo y del mensajero de paz que anuncia la redención.