Resumen de la Parashá
Itzjak se casa con Rivká a los 40 años; ella es estéril, y él reza por ella “frente a ella”. Rivká concibe mellizos que luchan en su vientre; Dios le revela: “Dos naciones hay en tu seno”, y “el mayor servirá al menor”. Nace primero Esav, rojizo y velludo, y luego Yaakov, agarrado al talón de su hermano. Esav se convierte en cazador, hombre del campo; Yaakov es “un hombre íntegro, que habita en las tiendas” del estudio. Un día Esav vuelve agotado y vende su primogenitura por un plato de lentejas.
Llega una hambruna; Dios prohíbe a Itzjak bajar a Egipto, porque es una “ofrenda perfecta” que no debe salir de la tierra. En Guerar presenta a Rivká como su hermana, y Avimélej descubre la verdad. Itzjak siembra y cosecha “cien veces más”. Los filisteos, celosos, tapan los pozos de Abraham; Itzjak los vuelve a cavar y les devuelve los nombres que les dio su padre, y luego cava otros nuevos: Ések, Sitná y Rejovot. En Beer Sheva Dios se le aparece y Avimélej hace un pacto con él. Esav se casa con dos mujeres hititas, para gran pesar de sus padres.
Itzjak, anciano y ciego, quiere bendecir a Esav y le pide que le prepare un plato de caza. Rivká envía a Yaakov en su lugar, vestido con la ropa de su hermano y con las manos cubiertas de pieles. Itzjak duda: “La voz es la voz de Yaakov, pero las manos son las manos de Esav”, y luego lo bendice: “Que Dios te dé del rocío del cielo y de la grosura de la tierra”. Esav vuelve, da un gran grito y recibe una bendición distinta: “Por tu espada vivirás”. Jura matar a Yaakov. Rivká envía a Yaakov a casa de su hermano Labán en Jarán, e Itzjak le da la bendición de Abraham y le pide que tome allí esposa. Esav, para agradar a su padre, se casa con Majalat, hija de Ishmael.
Resumen de la Haftará
“Masá Dvar Hashem” (“Profecía de la palabra de Hashem”)
Texto en Malaquías 1:1–2:7
Malaquías, el último de los profetas, abre su libro con el amor de Dios por Israel: “Amé a Yaakov, y a Esav lo aborrecí”; Edom podrá reconstruir sus ruinas, pero Dios las derribará. Luego reprocha a los Kohanim de su época que traigan al altar animales cojos o enfermos: “¡Ofrécelo a tu gobernador!” La haftará termina con el retrato del verdadero Kohen, el de Aarón: “Una Torá de verdad estaba en su boca… caminó conmigo en paz y rectitud, y apartó a muchos del pecado.”
Conexión Parashá-Haftará
La haftará retoma la pareja central de la parashá, Yaakov y Esav, y la elección de Israel. Recuerda también lo que hace a Yaakov digno de la bendición: no la astucia, sino el hombre “íntegro que habita en las tiendas”, el que lleva una Torá de verdad en su boca.